Resulta curioso, la semejanza del paso de un día, con el paso
de una vida.
A los dos se les mira
con ojos de esperanza, a veces con ojos incrédulos…a veces con ojos tristes.
No es en el mediodía de
la vida, cuando más brillan , el instante
en que todos les quieren y admiran.
Incluso me atrevería a
decir que llegado un momento, tanto brillo, tanta fuerza ciega más que luz
aporta. Incluso y en ocasiones pueden llegar a molestar.
Es al final del día, al
final del viaje cuando ambos muestran en
máximo esplendor, lo aprendido, lo experimentado, todo lo bueno que pueden
ofrecer.
Es al final de ese
viaje, de ese tiempo transcurrido, cuando el alma comprensiva y el corazón puro
se maravillan al contemplarlos.
Es en ese final cuando
la sonrisa vuelve a ser infantil, y la luz más hermosa.
Muchos pasaran por esa
cercanía, sin percatarse de que están
ahí para ellos.
Muchos los despreciaran,
maltrataran esa vida y renegarán de esos
atardeceres, cegados se atreverán a pedir….. que todo acabe pronto.
Algunos incluso les maldecirán por brillar como brillaron……..por brillar
como brillan.
Sin saberlo siquiera les
envidiarán.
Tan solo unos pocos se
detendrán a mirarles, a…. admirarles, a sucumbir con lo que muestran y a guardar en
su interior lo que acaban de aprender que no es otra cosa que “escuchar y oír” “mirar
y ver”, “obtener para entregar”, “olvidar para vivir”.
Después, para bien o para mal…… Quedará solo el
recuerdo.
HACEDME EL FAVOR DE SER
FELICES KARRAS.